Octubre de 2004. 9.00 horas. Estrenando ropa y algo más. Con ilusión, extrañeza, miedo… en fin, la verdad que ya es que ni me acuerdo. Sólo se que un señor que entró por la puerta del aula donde estaba, dijo pasado un tiempo prudencial: “Bienvenidos a Hogwarts. Soy la Señora McGonagall”.
Así comenzó mi vida universitaria hace ya cuatro años, cuando un Profesor de Sociología pretendió introducirnos en nuestra nueva vida, mediante una gran metáfora de lo que se nos venía encima. La verdad es que hoy, pasado ya ese tiempo, he de reconocer que tenía mucha razón, puesto que hay muchas cosas que nunca he llegado ni llegaré a entender, y por lo tanto, parecen estar hechas por arte de magia.
Ayer por la mañana, cuando me disponía a salir de mi casa, me miré al espejo buscando a aquel “niño” que empezó a estudiar. Sinceramente, tengo que decir que no lo he encontrado tal cual. Como nadie nunca pudo evitar, desde entonces el tiempo ha pasado, y mucho, de tal forma que todo ha cambiado, y con ese todo, yo. ¿Para mejor o para peor? Desde luego que no soy quién para sentenciar si una o la otra, pero a mi juicio, en algo a mejor, y en otro algo a peor. Aún así, ayer salí igual que aquel día, con una gran sonrisa en la cara, y recordando lo importante que para mí han sido algunas cosas que han sucedido estos cuatro años.
La ilusión con la que comenzaba el día, desapareció en algunos momentos, porque a veces por mucho que desees que las cosas salgan de una manera, siempre está ahí alguien para que vuelvas al presente y dejes de imaginar imposibles; las cosas son como son, y nada más.
Sin embargo, como todavía algo me queda de aquel niño soñador, por mucho que se empeñen las circunstancias en amargarme la vida, no se lo voy a consentir. Es mi último año de carrera y el primero de lo que me espera a continuación. Y como voy a luchar y a aprovechar todo lo que pueda este tiempo que me toca vivir, que vengan las circunstancias como les de la gana, que les prometo que les plantaré cara.
Un saludo y suerte, compañeros/as.
