Lo cierto es que después de un año tan acalorado, hablar de esto casi que me da miedo. Por supuesto, sólo van a entender esta entrada quienes día a día hayan convivido ese tiempo durante los muros de mi Facultad.
En mi opinión, la gente activa socialmente no puede evitar implicarse en todo aquello que le resulta atractivo: se comienza en una asociación, en un partido, en un sindicato, o algo similar, y se termina en veinte sitios a la vez, y normalmente con la misma gente, puesto que los valores de cada uno determinan la decisión de dónde se acaba, que suele ser la misma de quiénes tienen los mismos valores. Por lo tanto, no es nada nuevo que se vean las mismas caras en todas estas cosas.
POLITEIA es el nombre de uno de estos entes, a donde yo pertenezco actualmente y donde un día lo hice de una forma muy activa. La verdad es que dicho nombre para mí significa demasiadas cosas y me genera sentimientos tremendamente encontrados. La razón, las personas.
Durante mi andanza en ella, he conocido a todo tipo de personas, he experimentado sentimientos de cariño hacia ellas muy fuertes, a la par que me he sentido profundamente defraudado con otras. Supongo, que en algunos casos el sentimiento será mutuo respecto de mí, qué duda cabe, puesto que normalmente en las interacciones sociales, no se puede hablar de un solo “culpable” si la cosa sale mal. No obstante, el tiempo pasa, de tal modo que nos pone a cada uno en nuestro lugar, a veces indeseado, pero seguramente, bien merecido.
Sin embargo, después de un verano de “desconexión” y de posterior reencuentro con todos esos sentimientos, he llegado a la conclusión (seguro que otros llegaron antes) de que el problema en estos casos, es no saber separar al compañero/a del amigo/a. En estos ámbitos, se generan relaciones sociales que comprenden sentimientos distintos: de compañerismo, de lealtad, de envidia, de amor, de cariño, de amistad, de odio… Es irremediable, puesto que todos/as somos animales sociales. Sin embargo, cuantos más de éstos se mezclen, peor sale el resultado. Y si tenemos en cuenta también que él número de personas es también elevado, peor aún para saber diferenciar.
Si esa explicación no es válida, que me diga alguien por qué relaciones de amistad extremadamente fuertes se acaban convirtiendo en sentimientos de odio. O bien, por qué de repente el que fue el más odiado, es el más venerado, pasando el que ocupaba este puesto anteriormente a ser el “anticristo”.
Yo sinceramente, no me arrepiento de casi nada de lo que he hecho bajo “POLITEIA”, porque en el fondo, la vida es así y ese caldo de cultivo, es un buen ensayo para saber como afrontarla. Pero desde luego, considero que el precio es bastante alto.
